martes, 28 de abril de 2015

Arché


En tu error, en lo mas real  y propio te encuentro. Aquella vez que nos vimos yo había perdido uno de mis accesorios, una de esas cosas innecesarias que complementan a toda mujer, y es que miré tanto al aro perdido de su gemelo, lo di vueltas y revueltas con la mano, como con un un sentimiento de resabio por aquella noche, que al principio sentí una lacrimosa necesidad de reunirlos, quizás con la perversa intensión del inconsciente de  querer repetir nuestro encuentro. Por otro lado, reconocía que esa pérdida traía otros recuerdos de otras perdidas y eso ya no lo soportaba, mirarlo era la analogía del amor perdido.
Más tarde, la mirada hacia el aro perdido me daba la cuenta de que ese, el error, el haberlo perdido esa noche en uno de los descuidos, era ese espacio vivo donde todavía nosotros, -o el rastro de nosotros, la estepa o el arché-, todavía seguía viva y hablaba, ahí encima del rostro solitario del pendiente gemelo perdido. Y lo acepté, porque mientras hablara de su solitariedad hablaría que lo que "alguna vez hay", sabiendo que lo mal conjugado de la frase nos remite a nosotros.


Y es que en la falta es donde comienza todo.

lunes, 23 de febrero de 2015

Presencia


Soy feliz Charlie, y tu melancólico personaje
por fin lo ha hecho: ha revelado a otro melancólico
que despierta mi fascinación de últimas páginas de novela de verano.
Y ahora camina por las callecitas de la cuidad, vivo
Hermoso,
y me sonríe.
Y me ama.
Ah, no pienses que soy una mentira
Debido a mis sueños y amantes y desproporcionadas conclusiones de verano.
Es duro comer tantas letras sin esperar visiones,
Pero a vos aún te retengo en la boca
Y te espero en un mes, o en dos.
Cuando te revelas en presencias, es fantástico
Y cuando pones tus ojos en mí
eso ya es como el Paraíso.




Y como si me lo hubiese propuesto, ese día fuiste el centro del paraíso.

martes, 17 de febrero de 2015

17




Feliz cumpleaños
Chico eterno. 
De vos la copa de la emoción.
A vos un suspiro regalo.
Eterno tu andar en refugios.
Tanta creación.
Camina.
Insólito único.
Camina.
De vos el retorno mareo.
Tu belleza
Las voces creadas, traslucidas.
Tu voz 
Tu aire
La mirada.
Eternas sean.
Camina. Vuela.
Por hoy,
Tacita luz de todos tus recuerdos.





Bello y tacito. Te he aprehendido.

sábado, 10 de enero de 2015

César


Y será porque ando tan cerca de tus calles
que ya no callas
reverdeces y verborrágica tu ala
se abraza a la palma con la que escribo.

Y será que veo tu César
tu baile, tu boca, el valle de la acera donde te camino,
 y la distancia con la que tus brazos se chocan a tu cuerpo mientras caminas
A veces dices. continúa,
Y yo abnegada de mis silencios
te susurro, continúa.
El encanto camina por mis calles
Se cómo caminas,
yo veo tu César
retengo tu brisa casi todo el día
fruto de los más puros
lealtad de los divinos
Ya he vuelto a casa y te he de encontrar.

Será que estás en el corazón nacional de esta ciudad
que te oigo todo el tiempo

Sé cómo quieres,
mis sentimientos son rocas chocando al azar que escribimos y
 lo vencimos.
Veo tus luces importarse por esta vida,
Camino lento calculando el tiempo de encontrarnos
Sé cómo caminas
Esta ciudad tiene un corazón enorme
que alberga el tiempo guardando la historia, 

tu beso, la palma y el archè que se anuda en estos versos.

Y será que veo tu Cèsar, tus calles, tu nombre
Tu inspiración.
Al dormir regreso a tu sombra, a tus verdes,

a la noche y al silencio abierto que me entra por la boca.
Este mundo aún nos debe tantas cosas, Amor. 






miércoles, 7 de enero de 2015

Sueño "Fin de la Era"


Veía desde la ventana un departamento, la ciudad y su mal tiempo, muchas repisas en ese lugar atestado de gente, las nubes seguían cargadas y amenazaban. De pronto cae una repisa por el viento. Yo intento acomodar las blancas esculturas caídas con la cabeza de Freud y Lacan en la repisa. Y acomodaba de un lado a otro, porque no se mantenían en su base, hasta que suena el timbre y comienza mi hora y empiezo a dar clases, yo estaba frente al pizarròn, mientras guardaba esas esculturas arriba de un armario, y alado de la puerta pasa Gaston, que terminaba su hora, él daba clases de 8 a 9, y a las 9 entraba yo. Me dice bajo y en el hombro: no me gustaron las esculturas. Yo quedé perpleja y seguí dando la clase, veo a Teo y a Walter dando clases del TIP IV. Doblábamos muchas telas en partes y partes y esas partes las volvíamos a doblar en más partes. Eran telones inmensos, Cristi me cuenta -en medio de mi perplejidad o embotamiento, quizas por intuición- que ella estaba embarazada y yo de pronto me puse inexplicablemente muy feliz. Había mucha gente en el aula,  se parecía a la escuela provincial donde yo había cursado mi primaria, y tenía una cantidad innumerables de habitaciones y piezas y pasillos, era casi un laberinto con muchas escenas dentro de otras. 


Yo empecé a relatar la primera parte de la clase y decía (mientras veía) "si vas caminando hacia el baño y justo te ganan de mano, si ves un tipo descalzo arreglando una vidriera y te queres llevar sus zapatos que están afuera cuando justo otros te ganan de mano, este mundo está mal, mal. Cuando tenes que ir al salón central para preguntar que está ocurriendo y te resbalas, y escuchas  que pasan cosas feas cuando meno esperas, y te sentis atrapao, este mundo está mal, mal.", El edificio donde estábamos se volvió perturbador, lleno de ruidos, parecía estar sucediendo un terremoto, se abrían las paredes, las paredes se daban vuelta, enteras, todas las paredes de ese laberinto donde estábamos giraban, y  luego salió dentro de una de esas paredes un sol enorme que lo iluminaba todo, y que anunciaba el fin de la era de piscis para entrar en la era de acuario. Yo le miré a Belén, y le dije eso con tono de revelación. Corrí hacia atrás, buscando donde meterme y recordaba mientras corría, unas supuestas escrituras que eran las mismas que yo estaba narrando en la clase, y que en retrospectiva decían: "algunos intentaran meterse en los baños, al no dar allí intentaran con el pozo pero allí morirán, otros intentaran que se abran las paredes pero allí solo el sol cabe, otros volverán a los pasillos intentando quitar el calzado a los descalzos, pero tampoco allí hallaran la solución. Y sólo verán cuando miren en el edificio vecino, el Paraguay."
Se oían gritos desde el "edificio vecino", donde allí también la gente estaría sintiendo el fin de la era. Yo seguía buscando escape, no el pozo me dije, allí vi lanzarse a una mujer desesperada, y quedó enterrada en el barro seco y duro porque ese pozo no tenía agua, era un aljibe viejo y desmembrado que desde lejos hacía ilusión óptica para atrapar a los desesperados. No el pozo, no los pasillos, allí en el Paraguay deberán subir, o lanzarse. Y yo me lancé allí, al Paraguay, y caí en un pueblo que se estaba inundando y la gente se iba perdida con la corriente, yo me sumergí en el agua y me prendí por una mujer que se ahogaba. Desde arriba caían más personas, como lluvia, caían unas tras otras, hombres y mujeres con rasgos indígenas, lo más primitivo de la zona, algunos parecían jesuitas, todos ellos eran los únicos que sabían lo que estaba pasando, que era el fin de los tiempos, que debían lanzarse a las aguas del edificio vecino y cómo había que hacer las cosas. Nosotros, los que veníamos del otro lado yacíamos desorbitados. Pensé en Gaston y en las esculturas. No podía imaginar donde se hubiera metido pero lo intuía salvado. El tiempo más se descomponía. Encuentro a Papá y me pregunta qué había pasado con las construcciones, y yo le contesto que no pudieron abrir la cerrradura porque quizás no tenían llave, o la puerta no se dejaba abrir y allí cuando pronuncié eso, nos miramos entre los dos, como diciendo ¡Qué desperdicio! La inundación tiró abajo árboles y esos árboles y troncos generaban una corriente que lo arrastraba todo. Escuché: "Los que queden de pie y aguanten la violencia de los tiempos serán los elegidos, y sólo en retrospectiva entenderán el camino".


Empezó a descampar y llegamos a la nueva era donde nos salvamos, una voz desde el cielo dijo que el fin de los tiempos traería agua azul. Todo lo que sea líquido será azul, y en esa nueva era solo habría agua. En ese mismo instante, veo salir de casa a Pablo y Florencia, y miran sorprendidos el paisaje de la inundación, yo les dije ¡Cuidado! que cuando pisen el agua azul ya serían miembros de la nueva era, y se sumergieron hasta los hombros, y se fueron caminando con el agua hasta los hombros como hacia Paraguay para ver qué había pasado. Allí se iban los dos, como inmaculados, "yendo el retrospectiva para entender el camino".
En el sueño, todo nuestro pasado había quedado sepultado, y solo la inocencia de saber que nos deparaba la vida podría salvarnos, sólo la inocencia.




- Este sueño lo tuve hace exactamente un año atrás. Cuando desperté ese día comencé a escribirlo sin parar, la reconstrucción -estimo- habrá durado más de lo que el sueño. Aún siento perplejidad por algunas escenas de ese sueño, aún un año después.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Orbito


A esta altura de la vida prefiero la verticalidad de los hechos a la llanura, que se resume en esta tarde. Que se proyecta en este amor, que aunque no tenga futuro me enciende. Fuimos parte de un fenómeno y el mismo tiempo que mantuvo confusos a otros hombres de la historia, nos mantiene en vigilia. Hoy sabemos cuántos días. 
Hoy lo respiro, lo disfruto. Quizás por esa vigilia, por él las horas poseen cierta levedad taciturna que abriga, un vapuleo sonoro de aguas inconscientes, una ligera marisma de tonos azules cada vez que una mínima brisa de estopa me lo recuerda. Conozco su nombre, su rostro, su brazo, su materia infinita alborotando mi eterno. Mi eterno. Y para retener la sonrisa del ser casi taciturno, tengo que recurrir a la mirada periférica, es decir, según la mano fría de la ciencia, aquella que entiende de sombras y de contrastes, de la astuta perfección que se genera en esa figura casi caleidoscópica en mi evocar. 
Con él, embrujados por una necesidad nos enviamos cartas, bajo la búsqueda de extrañas cosas que tiempo después encontraríamos: mi zozobra en el corazón, el fuego de las manos de él, nuestra congelada memoria, yo dichosa y adivinada y besada de frente al rostro del único. Lo nombro hoy una y otra vez en imágenes. Corren bajo mis párpados imágenes de la historia. Hoy sabemos cuantos días. El ser, ya casi taciturno en el prisma de esta lluviosa ciudad, ahora atestigua ser esa antigua y brillante figura que decoraba las hojas, la pierna dorada que caminaba sobre los versos, mientras lo recorro en imágenes y orbito en sus goznes. 





-Hoy Apolo toma el vino de tu Dionisio y se vuelve a embriagar.



jueves, 13 de noviembre de 2014

Matemáticas


Por acá todos los días son como un domingo, es más, hoy desperté con la sensación algo agradable y perspicaz. Aunar en los campos del inconsciente, no... Eso no sería lo más conveniente para un domingo, pero la cartelera del día aparecía entera y bravía y de ella no había forma para escaparle. Si usted me viera, yo ahí, desesperada en el domingo tratando de olvidar aquello inolvidable: Tuve un sueño del que cualquier alma sensible pudiera dar cuenta de sus formas y sus sentidos. 


Concurría yo al tumultuoso evento, y en el camino a medida que me acercaba iba perdiendo una a una las esperanzas de encontrarlo. Era como si la velocidad del viento o el tipo de gente que me encontraba tenía que ver con que él asistiese o no, y me irían dando las pautas que no era un momento de encuentro. 

Entro a la sala, con esas gentes sin un solo latido en el corazón, sin albergar una expresión en la cara. Me tomó minutos penetrar en mi hábitat hasta que nadie advirtiese mi situación de haber ingresado. Pasamos aburridos allí un buen rato y yo me prendía en las lianas que mi imaginación me acercaba de vez en cuando para que no me durmiese. La heroicidad del momento. Que todos se sientan leales e indispensables por estar. Qué fatalidad. Recordé allí uno de esos viajes, después de esperar durante horas -al compás de mi corazón que no dejaba de sacudirse- que el sujeto apareciera por la puerta. Debo admitir que he imaginado entre tres y cuatro maneras distintas de su aparición por la puerta. De todas las series imaginadas en la que él se presenta él crea un ambiente donde todos lo miran. El ser es compartido por todos y soy yo la que me tengo que esconder. Su avarica luz comienza a encenderme por las sensaciones rebeldes. Y yo vuelvo a elegir otra escena donde revivir un momento donde no sea yo la que se escabulle, pero el inconsciente es una verdad ingobernable y en cada trozo de ficción se reconstruía algo similar.
Mi formalidad nunca me permitió hacer estupideces, como dormirme en una sala llena de gente. Pero estaba en tal tipo de ensoñación que hubiese dado lo mismo que me echase a descansar un poco no sólo del momento sino de la presión atmosférica, el poco viento y las mareas que andaban trayendo humedad a la ciudad y que seguían sugiriendo que él no aparecería. Pero aparece el sujeto. Es increíble cómo, aún después de haber imaginado y preparado anteriormente esas escenas soy incapaz de controlar la sensación ingobernable. Jamás podríamos escapar del inconsciente, pensé. Incuso si lo entendiéramos a medias como lo hago yo en este momento. 

El sujeto, serio y portando una inmutabilidad de pocos días se acerca como si no me viera. Los sueños, verá usted, tienen esa cosa impredecible. Él me dice, tanto tiempo señorita. Y su mirada no se movía de la fija silla que tenía en frente. Mis espaldas estaban contra las esquinas, y yo no tenía ningún tipo de poder para escapar. Pensaba que mientras la felicidad es para los pequeños amantes, y yo me encanté con cualquier ligera cosa que él hizo hace un tiempo atrás, como el hecho que se concentrara para reconocerme en una carta, esto nos hacían un poco más invisibles, y eso me tranquilizaba. Tanto tiempo, le contesté. Y él hizo esa mueca de sonrisa, dando a entender dos cosas: que no fue mucho tiempo, evidenciando mi extremismo, y por el otro, que tampoco podía seguir agregándole más cosas a un inicio de una conversación de la que no sabíamos de qué se trataría. 

Si él continuaba hablando sería el portador de la autoridad de la conversación, así que agregué: llegaste un poco tarde hoy. Y al decir eso perdía en realidad la poca autoridad que tenía, porque se delataba en ese mensaje que yo lo estaba esperando, y además le había dicho con un poco de alegría, lo que confirmaba el mensaje anterior. 

El, muy, fino y condescendiente agregó que el día estaba muy lindo como para llegar temprano.  Esto, pues, evidenciaba que mientras él andaba mirando escaparates yo estaba enterrada en ese lugar lleno de gente esperando por alguna figura que al parecerse en una mínima parcela me servía para que yo continuara imaginando el resto del rodaje. 
Son momentos, le dije. Hay épocas lindas, nada como la primavera.
Este sujeto se agacha intentando recoger algo del piso, realiza una maniobra un poco complicada por el ajustado espacio que había entre nosotros, y cuando reconoce que lo miro dice pero en un tono extremadamente bajo y cuidadoso: tendríamos que volver a revisar esos apuntes de matemáticas.

El sueño termina allí. Lamentablemente no tengo imágenes de cómo continúa, a lo que se agregarían las interpretaciones como contenido de la misma, o para cerrar aquello que me sugiere, promete, atraviesa, idealiza, promueve y remite a lo que en realidad fue. El sueño en primera instancia es, código tras código, una suma errónea y sumamente desconocida. El momento de la indirecta o sugerencia del muchacho, esto es, cuando él se agacha a recoger algo que no existía en el piso, es el indicador de que finalmente él gobernó la situación. Indicador inconsciente. Creo que va por ahí, en el sueño él se presenta maniobrando de tal forma la situación para que los demás no le escucharan, escondiéndose, allí empatizamos por la naturaleza de mi condición, y a la vez él crea una agradable situación donde me hacía sentir meritoria, por otro lado el contenido del mensaje que en definitiva es todo lo desafiante: Ambos no teníamos ningún tipo de acercamiento hacia las matemáticas pero se establecía por medio de este acuerdo en común que la palabra matemáticas, al ser obviamente distante de nosotros y usada en un contexto evidentemente indirecto, se convertía directamente en un código que antes que él se irguiera del piso ambos lo habíamos entendido.

Fue un sueño en el que, cuando uno abre los ojos cree que detrás de la piel han estado sucediendo cosas que son realmente reales y posibles. Volvía en domingo, no hubo forma de escaparle. Como si yo sufriera de necesitar el desahogo de mi propio inconsciente, el misterio del fenómeno del sueño es dejado de lado por un momento, por el encantamiento de las figuras y sensaciones que éstas generan, que continúan resonando también en los oídos, como si acabáramos de escuchar una música.  Desperté y queriendo alargar un poco más las sensaciones, comencé a escribir estas líneas. 





- Bohemios por casualidad,
 he de pensar que he perdido la cuenta de las brasas de los amores no correspondidos,
 la regresión de los falsos amores.



martes, 4 de noviembre de 2014

Túnel

Hay un cuento de Conrad que siempre me resuena en la mente. Pero hoy apareció con otros matices. El duelo: dos soldados que se odiaban tanto, que mientas van las guerras napoleónicas azolando  toda Europa, ellos están siempre en un duelo privado, y cada vez que se encuentran se baten a duelo como dos endemoniados.


El camino de hoy es una posta, una parada, un puente en el que se puede mirar desde casi todos lados. "El reflejo de nosotros mismos", nunca una frase me proporcionó tanta paz, pasa que solo puede decirse una mañana como ésta. Que se descanse en paz, una mesa y un café, no más lecturas, no más conversaciones con viejos que saben y otros no tanto. Decepciones. Una mesa, un café, en el medio, esos pensamientos (metafisicos?) que nos dicen cada vez menos como son las cosas, que nos hablen de silencio. La nieve, las lluvias, el calor, la playa, las risas que se confunden porque el viento las lleva y las trae. No más canciones. Silencio. No más golpes al corazón. Se apagan las tantas letras que hablan de amor o desamor, y las películas? Esos (viejos) clisés posmodernos. No la miraste?  Uh. Sonrisas. Hay épocas que empiezan y no te das cuenta hasta que acaban. Recordas los perfumes, las brisas, los objetos que más usabas, esa época en la que estabas loco por eso. Porque siempre andamos locos por algo. Y otra época empieza, cuando termina la otra. Y te enamoraste en el medio, y todos esos estallidos que la vida regala de vez en cuando, y todos esos muertos que enterras de vez en cuando. Y los secretos de siempre . Y el inentendible motor de la vida que no se apaga nunca, y vos que andas seguro de algo que no sabes qué es pero por lo menos te deja dormir en paz. Ella no cocina muy bien pero no hay de qué preocuparse, después se tomarían unas cervezas que lo arreglarían todo. Y vos con esa envidiable sensibilidad para lo cotidiano, que perdona todo error, todo camino desviado, con esa particular sensatez para arreglar a los demás. No lo copiaste de esas malas películas, no lo escuchaste antes, bueno, así vos eras. Vos eras como salido de mi propio corazón.

Toda esa cotidianidad. Todo ese ruido, Sonrisas a medias, palabras a medias. Es en esa cotidianidad ingobernable que vos dominas tanto donde te pierdo todos los días. Días como hoy se apaga todo tipo de emisor, se terminan etapas, y hay que renovarse. Adiós todo! Días postales. Días silencio. Días en coma, recuerdos en mudo que vienen y van y hacen que yo te busque siempre para desandar esos caminos que las letras exigen. Desandarte. Y por las vías que Cortázar construyó tantos laberintos en los que perderse. Él se desandaba. Bueno, él era alguien así como vos que mira con ojos del buen paisaje y que (simula?) tener un hermoso ánimo todo el tiempo, a pesar de la pesada y profunda mirada que hay en cada fugaz cruce. Y ayer me pasó que tanto quería que pararas y yo quería pararte, pero no podía. Y vos sabes, santas ganas de ganarle a esa incertidumbre de encontrarte, de volverla más previsible. Y quemar más rápidamente los esquemas de imaginarnos o al menos preguntarnos por los clisés (cómo va el trabajo? cómo van tus cosas? bla bla) y pasar por fin a temas que sentimos que no se les puede plantear a cualquiera, o que andamos pensando siempre y nunca se los planteamos a nadie: hablar de las letras, del ritual, del hombre, de la mujer, de la angustia, del crecer, del envejecer, de la sensibilidad, de las palabras, paisajes internos... no sé, de cosas de las que vale la pena cuando se tiene un momento que cotiza caro porque no sobra, y una persona que el encuentro mismo lo hace imprevisible y como tal, invaluable. Yo extraño ese túnel de realidad alternativa y siento que lo necesito tanto a veces. No tengo la menor idea de qué hay detrás del túnel de realidad alternativa, pero si el motor inentendible de la vida misma no se apaga seguimos, seguimos...



El duelo, nuestra guerra, 
nuestra cotidianidad que nos bate en un duelo privado como dos endemoniados.



lunes, 23 de junio de 2014

Mármol



Ahi estaba él, pacientemente hermoso, distraídamente hermoso, desconociendo que portaba tal característica. De eso se trataba todo su ser, de la inocencia que portaba su belleza. De la ingenuidad atormentadora que él provocaba. De haber hecho consciente esa característica, ni él ni yo nos hubieramos enamorado.
Nuevamente, en medio de ese juego de verlo expresarse, a mí el infierno me gritaba su concejo: Él era y yo ardía. Cambiamos de imágenes mutuamente, muchas veces, y en ese tiempo, colorido tiempo, también fuimos parte de un arte convocado que nos hundió. Y el infierno en alturas o profundidades seguía gritando su concejo.
Nuestra relación tuvo siempre la premisa de actulizarse. Es decir, nosotros nunca nos tuvimos. Nosotros nos imaginábamos. Y en este imaginarnos diariamente en el recuerdo nos permitíamos actualizarnos por cada vez que circunstancialmente nos veíamos. Yo reconstruía nuestros encuentros por cada vez que nos mirabamos, y eso a veces era suficiente.
Pero después, las noches fugaces con alcohol me esperaron en ese soltero verano tras nuestra separación, y desde luego que fue difícil ordenar a los pensamientos cuando el sistema límbico entra en su salsa, habría sido un logro coordinar, pero él permació siempre bajo ese traje tan pacientemente hermoso que tan bien le quedaba, que en verdad nos fue dificil coordinar.
Y muy pronto eso ya no nos fue suficiente. A mi todo eso me parecía una pena, que él estuviese inundado de quietud, que yo estuviera rodeada de narcóticos para atontar mi pensar. Pero aún más no digo nada, porque por usted...  yo callo mi boca.

Seré breve: Las cataratas de la noche se rompían, la mente brillaba por el infierno consumador que la poseía. Mi ser dependía de la noche, durante el día era sombra. Él y su ingenua forma de ser, me poseían por entero, y yo soñaba con sus párpados amarillos, una vez me miraron y yo me inmuté. Yo soñaba con los labios de mármol que tienen las cosas inertes, sin vida, ajenas a todo ser sobre la tierra. Yo soñaba dentro de aquel infierno de verano caliente con aquel cuerpo de mármol inmutado y tan inerte sobre mí, delante de mí, detrás de mí, el único cuerpo que había logrado conocer en profundidad, y en alturas mientras jugabamos a que éramos de mármol, y que pertenecíamos a vidas inertes fuera de la vida. Yo repasaba las tardes hasta que fueran de noche pensando en el chico de mármol, quieto y distraídamente hermoso, y lo actualizaba, una y otra vez, al recuerdo para que no se empañase por si nos fueramos a ver al día siguiente.
Su piel casi dorada pero pálida en la oscuridad había alumbrado nuestros jovenes cuerpos en penumbras y ahora eso en el recuerdo también se transformó en mármol.






sábado, 14 de diciembre de 2013

Existencial

El ser innombrable. Lo pienso, lo disfruto. Por él mi sentimiento era tan profundo que afortunadamente opacó el recuerdo de las demas cosas que me pasaban en aquel entonces.
Este ser innombrable, un día me llevó a un lugar asqueroso. Al menos no llovía y nos sentíamos felices por dentro. Hubiese preferido un ambiente natural, en Santo siempre hay desérticas ruinas naturales donde recostarse a hacer el amor, completamente alejadas del gentío y cubierta por cercas y paredones inmensos. Mientras estábamos en ese repugnante lugar imaginaba que poníamos un colchón delgado en el suelo de mi habitación y hacíamos el amor frente a la gran ventana abierta, al cuarto llegaría la corriente y olores del río. Yo fantaseaba contra mí voluntad, fantaseaba sobre la criatura, y después, cuando yacíamos recostados y abrazados en la cama pesada y desconocida de su casa, durante esos silencios profundos recordaba aún más al ser innombrable, y todos esos recuerdos a veces eran cómplices de mi estado interior: un amor y un existencialismo incomprensibles. Luego me emocioné. Todas esas fantasías y emociones mías eran a veces como oleadas imprevisibles e incontrolables y bastante molestas y que llegado a algún punto las debía esconder como aquel que comete un delito y anda espectante.
Luego volví a besar a aquel ser innombrable, como si lo conociera de toda la vida, como si nos seguiríamos conociendo durante toda la vida, y como si nunca hubiese amado con tanta intensidad; y me detenía –quizás absorbía- aún más aquel existencialismo de diciembre.

 A partir de nuestra separación, el presente comenzó a aparecer muchísimo más rápido y yo comencé a inquietarme. Durante un largo tiempo lo más valioso que supe hacer fue tratar de perderme en los lugares con personas que poco conocía y frecuentaba y con los personajes que escribía, experimentando una ficticia empatía, burlas, vacío, charlas cortas, cenas intensas, mentiras, calor de verano, y yo allí intentando olvidar al ser innombrable. Esa época fue un decir, un  error, un mal en mis tiempos. El ser innombrale aparecía por la noche, mas precisamente en la caída de la noche, y yo notaba cómo la pasión que contenía a lo alto y lo ancho de mi frágil cuerpo se adhería al existencialismo. Era diciembre, por momentos yo pensaba que cualquier día mi corazón saldría de mi pecho y yo sería capas de ver tal fenomeno, pero los teatros que yo montaba, con aquellos perdedores, con esos personajes que nunca daban al éxito, y con toda esa vida asquerosa de diciembre que eran tan ilusoria como frágil.. Y unos meses más tarde también se terminaron.

Nos endurecimos poco a poco. No por egocentrismo, quizás por falta de fuerzas de voluntad nunca pudimos decirnos nada, Pablo también con mal de amores. Lo único que dejó fue su cuarto tal como estaba, y se marchó. Yo ocupé ese lugar cuando él se fue y seguí un noviazgo sumamente patético y lento con Andrés, y viajaba de vez en cuando para ver a mis padres, el viaje duraba poco, parecía un trance liviano, más que liviano, vacío. Todos en ese tiempo la pasabamos un poco mal hasta diría que hubièramos querido dejar de vivir..
Todo ello era nuevo para mí, el ser innombrable y mis viejos, los recuerdos secretos a un lado estático de mi vida, el nuevo Santo, mis antiguos amigos, yo me inquietaba por las pocas lluvias de la época, y como no llovía esa humedad se hacía no solo soportable sino también hermosa, nos ibamos entregando como un preso a su condena irremediable entre los visillos de nuestra nueva vida, mi corazón seguía golpeando por el ser innombrable y a veces quería salir, de a ratos volvía a tener la fantasía de ver salir tal fenómeno desprendido de mi cuerpo y al rato mis palpitaciones se calmaban. Hablar del asunto con el ser innombrable para tranquilizarme no tendría éxito, no tendría nada que decir. Yo era una fantasía para él y él era la mía. Debíamos vivir en ese mundo de entendernos con sensaciones y no con palabras. Nosotros no nos comunicabamos, nos metacomunicabamos.






- Believe.


lunes, 2 de diciembre de 2013

Colinas de Eternidad


"Esa experiencia estética... cuando el poeta concibe la obra, y va descubriendo e inventando la obra, aquí las palabras inventar y descubrir son sinónimas, porque desde la doctrina platónica, inventar es recordar, y luego Francis Bacon agregaría que 'ignorar es haber olvidado'. Es decir, que ya todo está hecho, solo tenemos que verlo."



Luego te vi. Y me sonreí por dentro. Luego te creé en mi memoria, para retenerte más que en esas pocas dos horas.
Y te encontré infinito, -aún espero mi infinitud en correspondencia-

Sí, todo preexiste, está escondido, y preexistiéndonos todo el tiempo, nosotros nos enredamos y nos desenredamos.

Pero yo sí te vi. Y me sonreí por dentro. Y te encontré, yo tenía sueño y vos te presentaste en una enorme colina de eternidad. Y luego tuve el placer, "ese placer que tiene el artista de entenderse con su creación". 






- Creación de encanto, soy una endeble mortal frente a tu sombra infinita.


martes, 12 de noviembre de 2013

Descanso

Te recorro
En mi descanso de naturaleza muerta,
Cada detalle de tu brillante figura,
que sube, baja y flota.
Te recorro,
Con un encanto súbito,
En un día inmortal de locura.

Te recorro
Con un latido agónico 
Cada detalle de tu brillante figura,
Que sube, baja y flota.
Amor, mi deleite, fuerza y suspiro.
Te recorro,
cada detalle de tu brillante figura,
Que se envuelve a mi incomprensible y profundo deseo.
 Te recorro,
En mi descanso de naturaleza muerta.
En aquel último día inmortal de locura.




- "Solo debían navegar un momento."


domingo, 3 de noviembre de 2013

Visita

Sonrío,
con tu presencia,
que indómita y lejana,
a través de estos versos
va y viene.

Sonrío,
porque todo brilla
así el recuerdo,
el tiempo, tu voz,
mi sangre, la noche,
tu figura, la marca,
el verso, la vida.
sonrío,
Porque así es cuando visitas.




lunes, 28 de octubre de 2013

Porque

Cuando comenzó a amanecer, allí los dos inertes y embotados, dos gritos mudos, ya habíamos olvidado los paseos por la ciudad, la arquitectura dormida, el correr bajo la lluvia, pero no habíamos dejado de pensar en esta historia instante alguno, y cuando finalmente iba a pronunciarle todo aquello que siempre golpeó fuertemente por salir, para acercarme le pedí permiso, acaricié largo rato su cabello, y pensé aquel relato inabarcable, me arrimé con cautela para hablarle porque siempre me sentí incapaz de levantarle la voz. Y cuando estuve tan cerca, casi por pronunciarle todo aquello, justo cuando comenzaba a amanecer, él se sonreía. Yo sonreí también, porque él ignoraba que estaba en el foco de mi tormenta. Y resigné una vez más a romper nuestro silencio. Y él me miraba, y a través de esto él sabía de mi existencia, tan incompleta y con tan poco detalle por no pronunciarle, y al mirarlo mirarme se apoderaban de mi aquellas palabras, pero decidía callarme, porque no habían verbos, porque éramos silencio. Y dentro de mí seguía golpeando un relato por salir. 

Porque él sonreía, y mientras tanto a mí la tristeza me corrompía. Porque era incapaz de pronunciarle, y el relato se iba sepultando lentamente, porque así le cuidaba mientras éramos siendo, y seguíamos siendo silencio frágil e impronunciable, y aún así cada vez lo quería más. Porque su ser era templanza, y su seguridad avidez, porque luego de tantas horas componiendo el silencio solo contemplábamos el profundo misterio de la vida misma. Porque la vida era desbordante y de esta manera pesaba, es decir, tenerlo mientras no estaba, porque su coraza  era tan impenetrable que no dejaba siquiera abrir la boca.  Me marché poco menos que corriendo por la calle, porque éramos melancolía, y él sonreía. Porque pensé que si usara un poco de agresividad hubiese querido terminar con mi vida en ese mismo instante, porque no hubieron verbos para nombrar. Porque su fragilidad me volvía incapaz siquiera de levantar la voz, y huí, porque éramos levedad y él sonreía, porque yo sentía que moría sin morir, y por no morir elegí no tenerlo, porque de lejos me corrompía poco menos, y no volví jamás, porque lo ignorábamos todo, y nos sentíamos nada, porque fuimos, y hasta la náusea, pero sólo cuando supimos que por imprudencia y por cobardía, por fragilidad y por amor, nunca llegaríamos a sacarnos el corazón.


- Nos enredamos en nuestra fragilidad, sin habernos dicho adiós nos hubiéramos roto.


miércoles, 23 de octubre de 2013

Respiro



Y si llegase a pisar ese suelo? De repente todos mis volubles intereses navegaban en esa torrencial, imprudente y perturbadora idea. Me repetía sin querer, pisar su suelo… Nublaba mi mente con esas imagenes. Adentro, me golpeaba silenciosamente ese tan anhelado suelo. Él era una ráfaga de inspiración que duraba muchísimo. Ambos teníamos esa cuota de agresividad que es necesaria para la vida, pero lo cierto es que la ocuparíamos en otras situaciones, nosotros, nos  tratábamos  con toda la suavidad que cabía en este mundo.

La noche había terminado, ahora salía el sol y había que descansar en algún lugar, cuando me lo ofreció ya tenía pensada la respuesta, le dije que sí. Caminamos bajo esa concentración de sabernos con el otro en la distancia, y en ese momento dudé por un instante de la veracidad de la vida. Qué sería lo real en todo esto. Hubo un destello en mi interior, me adormecí. Estaba con el corazón en la plenitud de la espera, al lado del ser que había desviado mi vida de su camino, ahora nos conducíamos hacia su casa, cuidadosamente y en silencio, como aquel que se conduce hacia algo inevitable y soportando toda la pena o la dicha sobre todo su ser. Así marchábamos. Esa mañana mientras caminábamos en silencio, hacia las seis y media mientras el sol nacía, me entregué al total destino de su entera providencia.  No podía sostener por mucho más tiempo nuestro juego, con la misma prudencia, integridad y serenidad suyas, el juego de tocarnos al alma sin decirnos nada, mirarnos sin poder sonreir, besarnos sin consumirnos por completo.  Por cada parcela de mi ser intentaban salir las sensaciones con detalles y nombres que este ser me generaba, y que en algun momento habré entendido que debía esconderlas para siempre.  La entereza y la templanza era su propio juego limpio, yo respiraba eso, él era terreno fértil para la desesperación que me empezaría a brotar en cualquier momento, pero nunca desistimos, la tarea del varón, porque su templanza era aliento. Y yo lo volvía a respirar.

Sin embargo, hubo un momento en paralelo con esta realidad de acontecimientos realmente sensibles, que acompañaron a nuestros movimientos mundanos, mientras nos conducíamos hacia su casa: caminábamos de esa entregada e inevitable forma, él tomó mi mano una vez más, el sol se ponía, la noche desaparecía dándonos la impresión de que nunca fue de noche, sabíamos que nos conducíamos a ese lugar pero en esa hipnosis no llegábamos nunca, su mano se acomodaba de tal manera a la mía, que sentí como si a través de las pasiones y los escalofríos que sentía con solo atravesar su mano, cuántos destellos interiores nos tomarían investigar el misterio de nuestros propios cuerpos, en su totalidad y hasta consumirnos por completo.
Finalmente me hallaba en su hogar, pisaba su suelo, y nos encontrábamos en todos los objetos que le pertenecían y le conformaban, esas significaciones suyas que también yo terminé por amar y su ser convertido en espacios de materia y tiempos, lleno de templanza empezaron a desprenderse sobre nosotros con toda la profundidad que teníamos para dar, nos apretamos al pecho, enterré mi rostro en su hombro, y nos contemplamos por primera vez en aquel juego abierto impostergable, y aunque hubiese querido desesperarme para consumirnos por completo, lo cierto es que nosotros nos tratábamos con toda la suavidad que cabía en este mundo. Y nos repetíamos una y otra vez, como si no lo supieramos. El ser que desvió mi vida de su camino, con toda la suavidad, ahora se eriza y vuelve a respirar.




-  Repetirte.

domingo, 13 de octubre de 2013

Museo


Sí, de haber sabido que ese era el momento más feliz de mi vida habría podido proteger toda nuestra felicidad.
Pero no lo sabía. El 16 de Noviembre celebramos el día de cumpleaños de Gabriel, la fiesta en la gran casa del Líbano se desprendió con todo el artificio y las grandes luces del lugar a cercanías del río, que aún sesenta años después de su construcción aún permanecía intacta e inocente. Sobre la mesa de entrada permanecían inquietos los portarretratos familiares de los Blanch, y figuras de viajes y recuerdos de esa familia de extraños y paganos, antes de la muerte de Norberto, el padre, y en medio de ese lugar lleno de vida y recuerdos y nostalgias, miré largo rato a los portarretratos, las paredes y los objetos antiguos que portaba, tomé los adornos frágiles que una repisa frente a mi los portaba, los di vueltas con la mano, me llegaron rememoraciones y con éstas la enorme sensación de querer perecer en ese lugar del mundo donde había encontrado vida y finitud en un mismo momento de forma instantánea, sentí una gran inocencia, por esos objetos, por los Blanch, por nosotros y por todo este mundo en su totalidad, de pronto ese lugar lleno de recuerdos se envolvió a mi corazón, la nostalgia se convirtió, desde ese momento, parte de mi vida, solté lágrimas sin querer y en ese mismo momento de inspiración y vitalidad, vi a Gabriel entrar por la puerta, con su camisa blanca, cabellos sobre el hombro, y con una sonrisa enormemente hermosa y difícil de exponer. Desde ese momento he decidido crear el museo de nuestra historia, el museo de la inocencia.

El calor acompañó a la noche, a la música y a la bienvenida a todos los invitados y amigos de nuestra familia; ya cerca de medianoche estábamos con el alma embotada y el corazón loco, un poco embriagados a causa del alcohol, ya nuestras emociones se habían agigantado, cada vez que nos mirábamos con inercia, nos veíamos con correspondencia, como se quieren mirar los enamorados que se tienen muy lejos, nos deteníamos en ese juego de miradas y sonrisas y sin querer nos volvíamos a mirar una y otra vez. No recuerdo los motivos y temas de nuestras conversaciones, todo era tan pasajero, aleatorio e inocentemente desprevenido, lo que nos convocó siempre fueron nuestras mismas intenciones y nuestro mismo juego de acariciarnos con la apariencia, con la libertad de encontrarnos en frases y miradas, y seguíamos bebiendo del vaso como si bebiéramos de nuestra propia emoción, y nos seguíamos alimentando de ese momento, del cumpleaños de Gabriel, lleno de luces, miradas, música de paganos, calor y recuerdos. Esa noche en el Líbano todo brilló, a pesar de todos mis intentos que con toda mi mala intención quise acercarme a él, y aborrecerme de su cercanía, olores, respiración y movimientos que se vuelvan míos, las horas y el día pasó tan rápido y luego pensé, que era en la espera, donde cabía toda expectativa e ilusión, desde ese momento quise que me buscara siempre pero que no me encontrara, perderme en la espera y que nuestra ilusión siguiera aumentando.

Se que esa colección de objetos, recuerdos, sensaciones, incluso la forma de vida que nos acompañó todos esos años están fuertemente consolidadas y aún traen brisas de esperanza y vitalidad, pero también se convirtieron en un obstáculo para algún romance ulterior. El museo de nuestra integridad, el brillo que simbolizaba nuestra felicidad, y aquella hipnosis y desconcierto de no recordar exactamente los motivos de nuestras charlas, o las horas del día, creaban el bagaje emocional que aún hoy vuelve para abrigar la ausencia, y a veces reducen el dolor de haber desperdiciado toda la dicha y la felicidad que nuestro museo nos habría encomendado para entenderlo, apreciarlo y absorberlo, con la inocencia necesaria, y con la fuerza suficiente para rompernos el corazón, ahora había que eternizarlo en algún lugar y el Museo nacía para todo ello.

 
 

- En nuestros objetos aún seguimos siendo.